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La falacia del mito de las buenas prácticas agrícolas

Tanto desde los organismos oficiales como desde las entidades privadas que promueven el uso de los pesticidas, se insiste con que los daños que producen los pesticidas a la salud de la población y al ambiente se debe a que se los utiliza mal; y que estos daños se evitarán con la implementación las denominadas buenas prácticas agrícolas en el uso de los pesticidas.

REENVIAMOS:

El Discurso Sojero Transgénico

Parte 4: Agroquímicos

Falacia: engaño, fraude o mentira con que se intenta dañar a otro.

Mito: Fábula, ficción alegórica, especialmente en materia religiosa. Los mitos forman parte del sistema de creencias de una cultura o de una comunidad, la cual los considera historias verdaderas.

Hoy hay dos sistemas agroalimentarios en pugna:

· Por un lado, el sistema de monocultivo extensivo con agroquímicos, del cual el sistema transgénico es sólo el último eslabón.

· Por el otro, el sistema que integra la agricultura familiar, la vía campesina y los diferentes sistemas agroecológicos, que tiene emprendimientos que se sostienen a pesar de los ataques sistemáticos que padecen, y está en permanente conformación, articulación y crecimiento.

El objetivo de estos escritos es mostrar las mentiras, los engaños, los ocultamientos y las tergiversaciones del discurso de los que promueven y/o se benefician con el sistema de monocultivo extensivo con agroquímicos, incluido el transgénico. En este cuarto texto se analizan los aspectos falaces y mitológicos de las denominadas “buenas prácticas agrícolas”

La falacia y el mito

Tanto desde los organismos oficiales como desde las entidades privadas que promueven el uso de los pesticidas, se insiste con que los daños que producen los pesticidas a la salud de la población y al ambiente se debe a que se los utiliza mal; y que estos daños se evitarán con la implementación las denominadas buenas prácticas agrícolas en el uso de los pesticidas.

Si los usuarios de estos productos estuvieran capacitados en esas buenas prácticas agrícolas, probablemente, pero no con seguridad, como veremos al final, sólo algún daño podría ser menor. Sin embargo, hay además varios aspectos a señalar.

1º) No puede haber buenas prácticas agrícolas en el uso de los pesticidas si se parte de una clasificación toxicológica que oculta la mayor parte de los daños que esto productos generan a la salud y al ambiente; y que hacen parecer a estos productos como mucho menos tóxicos de lo que en realidad son.

2º) La propia clasificación de la Organización Mundial de la Salud, y las que derivan de ella, como la que impone el SENASA (servicio Nacional de Seguridad Agroalimentaria) a toda la población argentina, reconoce que esto no es posible. De acuerdo a esta clasificación, basada en la metodología de la DL50% aguda, los pesticidas son  categorizados e indicados como:

Ia – Sumamente peligroso, muy tóxico. Banda roja

Ib – Sumamente peligroso, tóxico. Banda roja

II – Moderadamente peligroso, Nocivo. Banda amarilla

III – Poco peligroso, cuidado. Banda azul

IV – Normalmente no ofrece peligro, cuidado. Banda verde

En la categoría IV, la expresión “Normalmente no ofrece peligro” no quiere significar que estos productos “habitualmente no ofrecen peligro”; sino que estos productos no ofrecen peligro si se aplican siguiendo las normas vigentes. Esto implica que la propia clasificación de la OMS, y también la del SENASA basada en ella, reconocen que todos los productos incorporados en las otras cuatro categorías son peligrosos para la salud y para el ambiente aunque se los aplique siguiendo las normas. Ambas instituciones confiesan que no hay buenas prácticas agrícolas que impidan esos daños.

3º) Este discurso no explica, por que no se entrenó a los potenciales usuarios de los pesticidas antes de autorizar su comercialización y uso masivo, para que sus malas prácticas no provoquen los daños a la salud y al ambiente que están causando; tampoco se explica, dado que se trata de un claro caso de negligencia, quien se hará cargo de compensar esos daños.

4º) Este sistema productivo genera un contexto de delitos penales y civiles impunes. Los vendedores de los productos, los profesionales que los recomiendan y recetan, y los productores que aplican estos productos sin las prevenciones correspondientes, lo hacen porque consideran que así van a ganar más dinero, más allá de que apliquen o no las denominadas buenas prácticas agrícolas. Aunque tengan percepción del peligro para la población afectada por la deriva de los tóxicos que aplican y por el incremento de los residuos en los alimentos que llegan a la mesa de las familias, saben también que no hay forma de que, por el momento, puedan ser sancionados civil y/o penalmente por el daño padecido por otras personas dado que no ha sido posible demostrar que un determinado pesticida detectado en el cuerpo de una víctima haya provenido de una determinada pulverización efectuada sobre un determinado cultivo por una determinada persona.

De hecho, a pesar de las decenas de millones de litros pulverizados por año y las millones de personas afectadas, no se conoce de ningún caso de sanción penal o civil por intoxicación con pesticidas. Lo más que se logró fueron acciones de amparo obligando al alejamiento de las pulverizaciones de los lugares donde vive la gente. Entonces, la alternativa con la que se enfrenta el productor es pulverizar voluntariamente los productos tóxicos más lejos de donde las personas desarrollan su vida, o continuar con su desaprensiva ganancia monetaria y esperar que tal vez se lo ordene la justicia, ya que otro riesgo no corre.

5º) El propio sistema productivo hace imposible la aplicación de las denominadas buenas prácticas agrícolas, dado que los pesticidas utilizados sólo permiten la sobrevida de los individuos de las plagas que tienen resistencia natural a esos productos, eliminado todos los otros. Esto hace que se genere la denominada resistencia a estos biocidas, por lo que cada vez es necesario pulverizar mayor cantidad por hectárea y pesticidas cada vez más tóxicos para lograr el mismo efecto.

6º) Hay numerosas experiencias que señalan que el manejo seguro de los plaguicidas en los denominados países en desarrollo es un mito, como lo expresa Jaime García en su trabajo “El mito del manejo seguro de plaguicidas en países en desarrollo”, que se puede consultar aquí.

Después de la consideración y en análisis de vasta bibliografía haciendo referencia a informes de numerosos países y organismos internacionales, señalando estadísticas de uso de plaguicidas, así como enfermedades y muertes asociadas, y experiencias frustradas de capacitación, resume:

“En los últimos dos decenios, en los países en desarrollo, se han realizado muchas actividades de capacitación en manejo seguro de plaguicidas. Sin embargo, algunas acciones de seguimiento  de algunos de estos cursos revelaron que a pesar de que en la mayoría de los casos se transfieren conocimientos, no se logra un cambio de aptitud significativo. Parece que las actividades de capacitación se han convertido en una labor mediante la cual se informa de los peligros existentes, así como de las normas de seguridad que deben seguirse, sin posibilidades reales de lograr un cambio en las prácticas cotidianas de la mayoría de los trabajadores que usan estos productos. La palabra “seguro”, utilizada repetida y ampliamente en actividades de capacitación sobre manejo de plaguicidas, es un mito que ofrece una sensación de falsa seguridad a los educandos, porque no existe una implementación práctica de manejo seguro, como tal.”

El resumen termina enfatizando en la necesidad de realizar los mayores esfuerzos en la difusión de prácticas agronómicas que tiendan a reducir o eliminar el uso de estos productos.

Claudio Lowy
Ingeniero Forestal – Master en Desarrollo Humano Sostenibleecolowy@yahoo.com.ar – 0054-11-15-6467-5187

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