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Los múltiples intereses del ocultamiento

transgenicosHace apenas cuatro años, quien esto escribe, recibió de parte del Director de Producción del municipio en el cual vive, la siguente respuesta “…pero tanto lío por el glifosato! Si te podés tomar un vasito que no te hace nada!”. Esa era, palabras más, palabras menos, la misma respuesta que se dio a lo largo de cuarenta años, ya que en el mundo –dice CASAFE[1]– se usa desde 1974. 

Fue necesario que un ejército de científicos se pusiera de pie (como el caso de Seralini en Francia o Carrasco en Argentina) para que finalmente, a punta de paper, la OMS tuviese que decirle a sus amigos industriales, que no era posible negar más tiempo las evidencias y debía hacerse público que el ingénuo herbicida resultaba ser probable carcinógeno, y además, banda roja para el contacto con los ojos.

¿Qué dicen ahora los Directores de Producción, Ministerios, ART,  a los miles y miles de personas que fueron adiestradas para usar sin protección alguna esa sustancia a lo largo de toda su vida, porque total, “Si te podés tomar un vasito que no te hace nada!”.

Hoy, 23 de junio, la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) de la Organización Mundial de la Salud, ha evaluado la carcinogenicidad de los insecticidas gamma-hexaclorociclohexano (lindano) y diclorodifeniltricloroetano (DDT) y el herbicida ácido 2,4-diclorofenoxiacético (2,4-D). Oh sorpresa, clasificó el lindano como carcinógeno para los humanos, y el 2,4-D (que avanza en Argentina con la nueva semilla de las multinacionales) como posible carcinógeno para las personas. Señala que hay fuertes indicios de que el 2,4-D induce estrés oxidativo, y la evidencia moderada que el 2,4-D causa inmunosupresión, basado en in vivo e in vitro.  

¿Había que ir tan lejos? ¿Había que esperar tanto? Pues parece que no, porque el laboratorio del Area Toxicología de la Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas de la Universidad Nacional de Rosario viene trabajando en el D,4-D desde hace 40 (cuarenta) años… y ha arribado a las mismas conclusiones hace muuucho tiempo.

Entonces, decíamos “agrotóxicos” y las cámaras nos atacaban por ese término “tendencioso”. Hoy ya podemos mandarlos a reclamar al Vaticano, pues es el término que usa el Papa Francisco en su encíclica reciente, para estas sustancias que son biocidas. 

Esta suerte de “delay” o retraso en aceptar al fin las evidencias, se alimenta de complicidades entre investigadores mercenarios, funcionarios corruptos, y ocultamientos sistemáticos, tales como fueron los de la industria tabacalera para que “no se sepa” durante 40 años, que el tabaco producía cáncer. Gentes de la OMS, gentes de las industrias, científicos comprados, sostuvieron la “inexistencia de pruebas suficientes” durante medio siglo, hasta asegurarse el imperio de la adicción en todo el planeta.

La misma estructura funciona hoy, pero, oh sorpresa, no solamente en este tema tan caro a los corazones de los ecologistas, sino en otro también:

Ayer, 22 de junio, la misma IARC publicó en la revista The Lancet Hematology los resultados de un estudio que señala que la exposición prolongada a dosis bajas de radiación ionizante puede causar leucemia. 

 “este estudio proporciona la evaluación más precisa del riesgo de desarrollar leucemia relacionado con las dosis bajas prolongadas de radiación recibida por los trabajadores nucleares durante toda su carrera“, dice el investigador Dr. IARC Ausrele Kesminiene, coautor del estudio. 

Evaluaron las exposiciones de 300.000 trabajadores nucleares en Francia, Reino Unido y EE.UU. durante la friolera del período entre 1943 y 2005. Los resultados ponen de manifiesto una fuerte evidencia de asociación positiva entre la exposición a la radiación ionizante y el riesgo de muerte por leucemia y muestran que el riesgo de leucemia aumenta linealmente con la dosis de radiación.

Qué dirán ahora los que sostienen que las bajas dosis nada hacen?  Su discurso se va cayendo a pedazos frente al surgimiento de coaliciones de científicos “para la ciencia digna” tanto en Argentina como en el resto del mundo. Ya no se puede sostener tanto ocultamiento.  Qué dirán los que defienden las buenas prácticas agrícolas, la seguridad nuclear, el modelo de producción que manipula biocidas de a toneladas y supone que la naturaleza (y la especie humana) lo seguirá resistiendo. Con casi 15 millones de cánceres nuevos al año –datos oficiales, y solamente pensando en cáncer- ¿nuestra especie lo está resistiendo?

Ayer mismo se conocía en Science Advances el trabajo que expertos de las universidades de Standford, Autónoma de México y Florida realizaron sobre extinción, en el cual piden tomar “medidas rápidas” para conservar las especies y advierten de que “la ventana de oportunidad” para hacerlo “se está cerrando con rapidez“. El estudio muestra, “sin ninguna duda significativa, que estamos entrando en la sexta gran extinción masiva“. Y que incluso, con las estimaciones más conservadoras, las especies de nuestro planeta están desapareciendo unas cien veces más rápido de lo que sería normal.

 Mientras nos posicionemos como personas por afuera de la “lista de especies”, estaremos errando la mirada. 

Como bien se dijo hace cuatro dias, desde el Vaticano:

Existen formas de contaminación que afectan cotidianamente a las personas. La exposición a los contaminantes atmosféricos produce un amplio espectro de efectos sobre la salud, especialmente de los más pobres, provocando millones de muertes prematuras. Se enferman, por ejemplo, a causa de (…) los fertilizantes, insecticidas, fungicidas, controladores de malezas y agrotóxicos en general. La tecnología que, ligada a las finanzas, pretende ser la única solución de los problemas, de hecho suele ser incapaz de ver el misterio de las múltiples relaciones que existen entre las cosas, y por eso a veces resuelve un problema creando otros”.

“…hay que asegurar una discusión científica y social que sea responsable y amplia, capaz de considerar toda la información disponible y de llamar a las cosas por su nombre. A veces no se pone sobre la mesa la totalidad de la información, que se selecciona de acuerdo con los propios intereses, sean políticos, económicos o ideológicos. 

(…) Algunos proyectos, no suficientemente analizados, pueden afectar profundamente la calidad de vida de un lugar debido a cuestiones tan diversas entre sí como una contaminación acústica no prevista, la reducción de la amplitud visual, la pérdida de valores culturales, los efectos del uso de energía nuclear. La cultura consumista, que da prioridad al corto plazo y al interés privado, puede alentar trámites demasiado rápidos o consentir el ocultamiento de información. En toda discusión acerca de un emprendimiento, una serie de preguntas deberían plantearse en orden a discernir si aportará a un verdadero desarrollo integral: ¿Para qué? ¿Por qué? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿De qué manera? ¿Para quién? ¿Cuáles son los riesgos? ¿A qué costo? ¿Quién paga los costos y cómo lo hará”?[2]

Lo mismo nos preguntamos nosotros.


Lic. Silvana Buján

BIOS – RENACE – GAIA – Coalición Ciudadana Antiincineración

www.bios.org.ar www.programa-ecos.com.ar

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