Clorpirifos: nuevo límite sugerido en aguas superficiales para la protección de la Biota Acuática de la Provincia de Buenos Aires

Clorpirifos: nuevo límite sugerido en aguas superficiales para la protección de la Biota Acuática de la Provincia de Buenos Aires

18 octubre 2019 0 Por admin

En un trabajo recientemente publicado en una revista internacional especializada en Toxicología y Contaminación Ambiental, docentes investigadores de las Universidades Nacionales del Comahue, Hurlingham y Moreno describen el impacto del uso masivo del plaguicida clorpirifos, en cultivos de la Pampa Húmeda sobre la fauna acuática.

La idea original del estudio surgió como consecuencia de un trabajo conjunto del Centro de Investigaciones en Toxicología Ambiental (CITAAC)- CONICET – Universidad Nacional del Comahue y del Centro de Estudios Transdisciplinarios del Agua, Facultad de Ciencias Veterinarias, Universidad de Buenos Aires, con muestras de agua de la zona de Tres Arroyos y Claromecó, en las cuales se analizaron cambios bioquímicos en renacuajos expuestos a aguas de diferentes arroyos por 96 horas seguidas. A partir de los cambios que se observaron en dichos indicadores y la necesidad de contar con una información actualizada del impacto ambiental del clorpirifos, les Dres. Melina Alvarez, Cecile Du Mortier, Soledad Jaureguiberry y Andrés Venturino realizaron un análisis de riesgo con la finalidad última de establecer un valor máximo permitido para este tóxico, que proteja las especies acuáticas que viven expuestas a este contaminante.

El clorpirifos es un insecticida utilizado para el control de numerosos insectos plaga. En Argentina es producido por Dow Agrosciences SA y Chemotecnica SA. Fue el más usado en 2017 y es uno de los más peligrosos para la salud humana. De acuerdo con el SENASA es altamente tóxico para las abejas y muy tóxico para las aves, peces y organismos acuáticos. Este organismo gubernamental lo considera de clase II (producto moderadamente peligroso y nocivo), aunque existen otras clasificaciones que lo señalan como altamente peligroso.

A través de distintos mecanismos de transporte y diseminación, el clorpirifos aplicado en los campos cultivados, llega a los sistemas de agua. Una vez allí tarda un tiempo en degradarse hasta formas más inofensivas para el ambiente y los seres vivos, lo suficiente para que diversos organismos acuáticos entren en contacto con esta sustancia y sufran una intoxicación.

Este pesticida actúa a nivel del sistema nervioso provocando desde incoordinación motora hasta la muerte por asfixia, aunque a niveles supuestamente “inofensivos” puede causar retraso en la maduración embrionaria, deterioro del crecimiento y de la reproducción, cambios comportamentales y neurológicos, deformidades y mortalidad a largo plazo. Ingresa a los organismos por diferentes vías, entre las cuales pueden mencionarse la piel, el aparato respiratorio y el digestivo. Es considerado un poderoso cancerígeno ya que genera daños a nivel del ADN. Hay una preocupación mundial acerca de las posibilidades de diseminación de este compuesto, ya que se ha encontrado en ciertas regiones del Ártico. Debido a esto muchas organizaciones gubernamentales y no gubernamentales están presionando para que esta sustancia entre al Convenio de Estocolmo.

En el año 2017 se importaron a nuestro país más de 278 millones de kg de plaguicidas, por un monto mayor a 1611 millones de dólares. Pese a la disponibilidad de otros tipos de insecticidas más amigables con el medioambiente, el clorpirifos sigue siendo utilizado en plantaciones de numerosos cultivos como soja, maíz, trigo, cebada, entre otros, en un promedio por aplicación de entre 0,5-1,4 litros/hectárea, dependiendo del tipo de cultivo. Además, este insecticida, tiene uso domiciliario y veterinario y es de venta libre.

Para tener una estimación de la problemática a la que nos enfrentamos, y sólo considerando la campaña 2017-2018 para la soja en la provincia de Buenos Aires en una sola aplicación, se habrían liberado al ambiente unos 6 millones de litros, considerando el total de hectáreas sembradas. Se estima que una persona está expuesta a once litros de pesticidas por año.

El análisis de riesgo que aquí presentamos, incluyó datos de 24 sitios de muestreo diferentes, con un total de 193 muestras analizadas en toda la Pampa Húmeda y la comparación de los valores de concentración con doce niveles guía, uno nacional y once internacionales (Canadá, Estados Unidos, La Unión Europea y el Reino Unido). En las muestras de agua las frecuencias de aparición de este contaminante fueron de entre 40 a 100%.

Para tener una idea de su toxicidad, la Subsecretaría de Recursos Hídricos de la Nación (2005) recomienda un valor máximo que ha sido superado más del 60% de las veces en que se han monitoreado los niveles de este tóxico. Sin embargo, nosotros encontramos que inclusive este valor guía resulta insuficiente para proteger la fauna acuática que habita la región, ya que se afectaría un porcentaje inaceptable de especies. Por lo que sugerimos que el límite máximo admisible de clorpirifos debería establecerse en 0.0007 ?g/L o ppb (0,7 mil-millonésimas de gramo por litro o 1 parte en un billón de partes) que corresponde a un valor diez veces más bajo que el actual, para asegurar la protección del 95% de las especies acuáticas.

Nuestro análisis de riesgo mostró diferencias de acuerdo a los grupos taxonómicos considerados. Las especies más sensibles fueron los artrópodos y los peces; gran parte de los mismos son la fuente de alimento de otros animales que dependen de ellos para su supervivencia. De estos resultados se deduce que existe un riesgo REAL para los ecosistemas acuáticos.

En nuestro país la ley 24051 sobre residuos peligrosos no presenta ningún valor de referencia para el clorpirifos, como así tampoco la de ACUMAR (1/2007 Anexo III) en lo que se refiere a calidad de agua apta para la protección de la biota acuática (en aguas dulces, salobres o saladas) ni para aquella destinada a uso recreativo pasivo, con y sin contacto directo.

Mails de contacto: aventu1@yahoo.com.ar; melinaalvarez6@gmail.com

Fuente: Biodiversidad en América Latina